El 25 de julio de 2024 marcó un punto de inflexión en la historia reciente del crimen organizado en Sinaloa: la detención de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los fundadores del Cártel de Sinaloa. Dos años después, la presencia y el control de las organizaciones criminales en la entidad continúan siendo un problema central para la seguridad pública, con enfrentamientos entre facciones y una población que aún padece las consecuencias de la violencia.
Divisiones internas y disputa por el control
Tras la captura de “El Mayo”, la disputa por el control del territorio y las rutas de narcotráfico se profundizó. En Sinaloa, la pugna principal se ha dado entre dos grupos identificados públicamente: La Mayiza y Los Chapitos, este último vinculado a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. La fragmentación del mando —producto de la detención de figuras históricas y de las luchas internas— ha reconfigurado el mapa de poder en la entidad.
La captura de Zambada, a bordo de un avión en el que también viajaba Joaquín Guzmán López, fue el resultado de años de seguimiento y una recompensa que escaló por parte del gobierno estadounidense. Sin embargo, esa acción no resolvió la disputa; por el contrario, dejó vacíos y rivalidades por ocuparlos.
Consecuencias en seguridad y violencia
El saldo en Sinaloa tras la detención incluye enfrentamientos armados, asesinatos entre grupos rivales y una sensación de inseguridad en diversas regiones del estado. Las batallas por plazas y rutas de droga han provocado que poblaciones queden en medio del fuego cruzado y que la autoridad enfrente desafíos para recuperar el control efectivo del territorio.
Las facciones han utilizado la fragmentación para reorganizar redes y expandir influencias en municipios donde antes dominaba una sola estructura. Esa recomposición operativa complica las estrategias policiales y judiciales, que deben enfrentar grupos con liderazgos desplazados y tácticas cambiantes.
Figuras históricas y legados
Ismael Mario Zambada García, conocido por años en el ámbito del narcotráfico, fue considerado un operador de la vieja guardia que supo evitar muchas detenciones a lo largo de décadas. Entre los apelativos que le acompañaron en la prensa está
"El Señor de la Montaña", expresión que aludía a su habilidad para mantenerse prófugo y operar desde zonas montañosas.
Los vínculos históricos entre Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán —cofundadores del cártel en sus orígenes— no impidieron que, con el tiempo, surgieran tensiones internas que desembocaron en enfrentamientos actuales entre las diferentes facciones del crimen organizado.
Actores pendientes y espacios de incertidumbre
A dos años de la captura, siguen en libertad y con capacidad de acción otros líderes que disputan el control en la entidad. Ese panorama ha contribuido a que la violencia no disminuya de forma sostenida y que las comunidades sigan expuestas a riesgos.
- Facciones en disputa: La Mayiza vs. Los Chapitos.
- Impacto: enfrentamientos por plazas, rutas y control territorial.
- Desafío institucional: fuerzas de seguridad y sistemas de procuración de justicia frente a liderazgos fragmentados.
Breve cronología
| Acontecimiento | Fecha |
|---|---|
| Detención de Ismael "El Mayo" Zambada | 25 de julio de 2024 |
| Reconfiguración de facciones en Sinaloa | Posterior a la captura (2024-2026) |
La cronología muestra cómo un hecho de alto impacto no garantiza la disipación de estructuras criminales profundamente arraigadas ni la rápida recuperación de la seguridad para la ciudadanía.
Retos para la población y la autoridad
Para las comunidades sinaloenses, la continuación de la disputa entre grupos delictivos representa amenaza constante: desplazamientos forzados, cierres de actividades económicas y una sensación persistente de inseguridad. Para las autoridades, la lección es que la captura de líderes —aunque relevante— debe ir acompañada de políticas integrales que incluyan inteligencia sostenida, control de armas, programas sociales y fortalecimiento del sistema judicial.
La captura de figuras emblemáticas puede debilitar estructuras, pero también abre espacios para nuevos actores o la radicalización de las peleas internas. En este contexto, la sociedad civil y las instituciones requieren coordinación y medidas que atiendan tanto la respuesta inmediata como las causas profundas que alimentan la criminalidad.
Dos años después, Sinaloa sigue en una fase de ajuste y confrontación entre grupos que buscan rearticular poder. La expectativa es que, además de acciones operativas, se impulsen estrategias de largo plazo que reduzcan la violencia y restauren condiciones de seguridad y gobernabilidad para la población.